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Explorando los Pueblos y Colonias de Cachicadán, La Libertad

En todas partes del Universo, hay personas agrupadas en Colonias, procedentes de diferentes latitudes, que por múltiples razones dejaron su lugar de origen, su tierra donde nacieron, donde heredaron una cultura, donde estuvo su ascendencia, su medio de vida originaria, su trabajo tal vez; pero motivos diversos les forzaron a emigrar a otra ciudades, con la idea de buscar un mejor provenir personal y familiar.

Este, es el común denominador de la
despoblación de nuestros pueblos y de la sobrepoblación de otros.
Estoy seguro que aquí en nuestra Patria este fenómeno dañino en ambos casos, deberá corregirse, cuando menos regularse con al esperada Regionalización.
Trujillo, es una de aquellas ciudades que soporta esa avalancha migratoria a la cual nos estamos refiriendo.

Recordar aquel Trujillo de los años cincuenta del siglo anterior, es dibujar en nuestras memorias cuatro calles con sus respectivas portadas: Portada de Moche, portada de Mansiche, portada de Huamán. Sentir de rato en rato el paso de un carro colectivo, la carreta del alfalfero, el carruaje bullicioso del lechero, o el pito lejano y luego cercano del tren cargando caña de azúcar, la bocina del vagón procedente del valle; todos estos componentes de un Trujillo tranquilo, sereno, seguro, ingenuo, antiguo han desaparecido. Trujillo ha crecido con sus virtudes y defectos, pero ha crecido, agregando a su impecable historia la sobrepoblación que hoy soporta.
Esta sobrepoblación necesariamente ha tenido que agruparse en Colonias, Asociaciones, o Clubes. 


Tales el caso de la colonia otuzcana, la Colonia Huamachuquina, la colonia Santiaguina, la colonia Patacina, la colonia Cachicadanense solo por citar algunas, todas con una actividad institucional admirable. Celebran las fiestas patronales de sus respectivos pueblos con típicas costumbres, realizan acciones en bien de sus comunidades.

Tengo la plena seguridad que las diferentes colonias residentes aquí en Trujillo, Capital de la Región la Libertad, liderarán acciones y gestiones en favor de sus respectivos pueblos, serán los portadores de buenas noticias para aquellos paisanos que aún no han tenido la oportunidad de salir de su tierra, donde les falta escuelas, colegios, hospitales, industrias para sus productos. Como verán a las colonias les espera este gran reto: Promotor y gestor, orientado a conseguir el cambio que nuestra patria necesita, para lograr el progreso, manteniendo la paz social extendida a lo largo y ancho de nuestras comunidades. Es indispensable que desde ya, estemos preparados con la mente fresca, como aquel viento matutino de nuestros andes, que nos permita trepar cerro a cerro, dejando las modernas huellas de un nuevo Perú descentralizado.
 
Por: Addinson Vásquez Carbajal

Cachicadán: Eucaliptos, Sol Radiante y Magia de Luna Llena con Alborada

Una joya engastada en la falda del más bello volcán no nato de la cordillera de los andes liberteños que forma un nido para el cóndor con calefacción natural, eso es Cachicadán. 

Las verdes hojas de sus eucaliptos, su quietud y su silencio tomados de la propia proyección sideral envuelven a sus habitantes de inevitable natural meditación, camino inicial de la filosofía que atesora y demuestra cada poblador en sus sentencias y su modo de enfrentar la vida. 


Ama los retos, y es colibrí en sus respuestas. Pero sabe de antiguo que la lectura es el mejor modo de experimentar con aprovechamiento rápido las huellas dejadas por la inteligencia de quienes nos antecedieron en el laboratorio diario. 

Y como los hombres y mujeres de Cachicadán son vecinos del infinito porque nacen en dulce atalaya, vuelven a su imaginación pluma, a su pluma tezón y cuerpo y así cada cual pichón o cóndor, siempre están dispuestos a volar, cual fuera el humor del sol o la luna, a la puna, la selva o la costa; y no ponen peros si el destino les lleva a otras partes del mundo.

En cualquier latitud la sangre del cachicadanense es caliente y brota a borbotones como sus agua termales. Sus ideas son alcanfor que siempre refrescan el alma. Combaten el caos y buscan la armonía como fieles devotos de San Martincito de Porres.

El cielo de Cachicadán siempre se pone limpio y sus noches son las más bellas del universo, sobre todo si de serenatas se trata y de escuchar el canto y la guitarra como si los rayos de luna transmitieran las gratas melodías hasta ignotas distancias con la más clara y tierna fidelidad.


¡Ay! Imborrables recuerdos que habrán de estar esperando bajo los balcones o en los charcos nocturnos, donde caímos sin registro de veces, el regreso de nuestros pasos. No habrá jamás mejor croar en la oscuridad que de los sapos de la parte alta del Barrio San Miguel, ni china más pindungosa que la del Canto. Niña dulce, ensoñadora, la del Barrio El Carmen. La más tierna, la que no esperaba la noche y nos buscábamos debajo de los floripondios en los recodos de las quebraditas camino al cementerio.

Cachicadán. En noches de idilio los perros no ladran, acompañan, y la luna cautivada por el ingénito alcanfor de los altos eucaliptos se oculta tímida y se cuelga temblorosa del penacho más fino de la penca más alta hasta que terminen cada una de las inolvidables citas. 

Pero no hay nada como su amanecer. Antes de que salga el sol huye el frío. Los árboles, quietos en la noche para no despertar a los adultos mayores, comienzan a alertar con el murmullo de sus hojas la venida del nuevo día y envían a las ventanas de las alcobas santas a los pajarillos para despertar a los amantes que hubieran sido vencidos por el alocado sueño. 

El caldo de carnero en el mercado o de gallina de corral en conocidas celestinas, acompañados de huevitos pasados, pan de yema o chancayes reparan las energías gastadas y curan el desvelo y basta eso para iniciar el día como cualquier otro vecino o buen hijo que duerme como se debe en sacramentado hogar. 

Claro que para que necesitan viagra, como puede ser el caso de los visitantes porque los del lugar jamás lo necesitan, también hay para esa hora, la rica cerveza negra, que cual fuera su marca, nunca es tan agradable como la que en Cachicadán se toma a temperatura ambiente. Si eso no levanta el ánimo, hay cuyes oriundos, guisados, fritos o al horno, de esos que basta uno para satisfacer un cuyero y cuyas virtudes transmite a quienes lo degustan temprano. 

En cambio, para el poblador trajinado, en lugar de cualquier restituyente, basta el baño de aguas termales a las seis de la mañana para ponerlo en fa. Secreto que hoy comparten también los turistas quienes al descubrirlo gozan de esta bondad especial de las aguas calientes, por lo que regresan a Cachicadán, una y otra vez, acompañados de sus afortunadas parejas. 


Esta virtud de las aguas calientes poco es difundida por los cachicadanenses en homenaje a los grandes viejos, de los cuales ya sólo nos queda el recuerdo resumido en sus consejas: una de ellas: "Seis de la mañana o seis de la tarde nos diría el tío Laracho Esquivel esas son las horas de mayor efecto, pero guarden el secreto para que los extraños no se enteren y se conviertan en nuestra competencia..."

A eso se debe que esta esotérica energía de las aguas termales de Cachicadán, además de las que el propio Raimondi enumeró, sólo sea conocida por los descendientes directos de esa tierra.

Por: Víctor Lujan Quezada


El Cerro de la Botica en Cachicadán: Un Mirador Natural Imperdible

Al norte del Pueblo de Cachicadán, provincia de Santiago de Chuco, como un cerro tutelar cubierto de vegetación y con algunos árboles de eucalipto se encuentra Cerro de la Botica, son más de 3000 metros de altura.
El cerro recibe nombre de La Botica, porque según los lugareños en este lugar sobre todo en sus partes altas se puede encontrar una gran variedad de plantas medicinales que son usadas para curar diversas enfermedades de la población. Se trata de una botica natural.
En la cima del cerro sobresalen diversas construcciones de piedra que hizo el hombre prehispánico. Por falta de estudios no se conoce muchos detalles de este lugar menos se puede conocer su antigüedad.

Lo que también es sobresaliente del Cerro La Botica, es el agua caliente que brota en su parte baja y lo que va a dar a las famosas "Aguas Termales de Cachicadán". Existen hasta tres lugares donde brota naturalmente el agua caliente. Así mismo llama mucho la atención que a tan solo pocos metros de donde brota el agua caliente, también brote agua fría.
Todas estás características, tanto naturales, como culturales, hacen que exista más de un motivo para visitar Cachicadán, un pueblo serrano de nuestro Perú profundo que todos debemos conocer.

La Piedra del Sacrificio en Cachicadán: Un Símbolo de la Cultura Ancestral

A tan sólo dos cuadras de la plaza de Armas del Distrito de Cachicadán, muy cerca de la Calle Raimondi, en los terrenos del señor Miñano se encuentra una enorme roca conocida como "La Piedra del Sacrificio".

Se trata de una piedra de aproximadamente 4 metros de ancho por 3 metros de altura, presentando en el lado sur pequeñas escalinatas talladas en un número de cuatro. En una de las esquinas la roca fue tallada para dar la forma de un pequeño pozo circular, donde actualmente se almacena agua. La piedra es muy notoria pues se encuentra al centro de campos de cultivo de maíz. Por lo alrededores se puede observar todavía fragmentos de cerámica prehispánica que habrían pertenecido a diversos tipos de vasija. Por haber sido afectados en su conservación los otros restos que dejó el hombre antiguo de Cachicadán, es muy difícil determinar la antigüedad de esta piedra. Pero, no cabe duda que se trata de una piedra de mucho valor. Es probable pensar que se trata de algo relacionado con algún tipo de ceremonia religiosa del pasado. La Piedra del Sacrificio es digna de ser aplaudida por todos nosotros, por cuanto se trata del Patrimonio Cultural de todos los peruanos que debe ser conservado y protegido.

Cerros Huacas de Cachicadán: Patrimonio Cultural y Natural

Donde vivieron y enterraron a nuestros antepasados
Por: Jesús Briceño Rosario

Camino a San José de Porcón, a una hora del pueblo de Cachicadán se encuentra Cerro Huacas , donde el hombre prehispánico vivió, realizó sus ceremonias religiosas y se enterró.

Por la parte este del cerro Huacas se encuentra un conjunto de concavidades que hizo el hombre prehispánico, para lo cual fue necesario tallar la roca. Estas concavidades, a manera de ventanas, se encuentra en el camino que conduce a una cueva donde se habrían enterrado a sus habitantes.

En la parte más alta del cerro sobre sale un conjunto de construcciones de piedra de diferentes tamaños, de carácter habitacional. Asociada a estas construcciones se encuentra una fuente de agua y para ello el hombre prehispánico también tuvo que tallar la roca.
Por la cerámica que se observa en la superficie, el sitio fue ocupado desde aproximadamente 500 años D.C y había estado interrelacionado con los pueblos del Callejón de Huaylas.

Por el lado suroeste y parte baja del cerro Huacas, brota del subsuelo agua caliente, que es aprovechada por los pobladores que viven en los alrededores de este lugar.

Visitar este sitio no es solamente reencontrarnos con nuestro pasado, que fue grande, sino también disfrutar de un particular paisaje serrano caracterizado por sus campos de trigo, eucaliptos, los techos rojos de sus viviendas y su gente que es muy amable y hospitalaria.